sábado, 5 de marzo de 2011

TEORIA DEL INTERCAMBIO V SOCIOLOGIA CONDUCTISTA

La teoría del intercambio y la sociología conductista son ambas teorías sociológicas
atípicas. Lo que las hace atípicas es su orientación microsocial y el hecho
de tener sus raíces en teorías que se encuentran al margen de la sociología. La
principal fuente de estas teorías es la psicología, específicamente el conductismo
de B.F. Skinner. En este capítulo nos ocuparemos principalmente de esta
influencia y del modo en que da forma a las dos teorías. El conductismo constituye
el hilo conductor que une la teoría del intercambio y la sociología conductista.



Mientras la sociología conductísta permanece en estado de pureza respecto
de la influencia del conductismo psicológico, la teoría del intercambio tiene
otra fuente cuya importancia ha aumentado recientemente l. Esta segunda fuente
es la economía, especialmente la teoría de la elección racional (Cook, O'Brien,
y Kollock 1990; Heath, 1976). Aunque no nos vamos a ocupar de la influencia
de la teoría de la elección racional en este capítulo, sí analizaremos el modo en
que George Homans, el principal teórico del intercambio, integró esta teoría
en su enfoque fundamentalmente conductista.

 En ese contexto también nos
ocuparemos de otros aspectos y desarrollos de la teoría del intercambio, entre
ellos sus raíces en la antropología y sus vínculos con los últimos trabajos que se
han realizado en teorla de redes (Cook, O'Brien, y Kollock, 1990; Ekeh, 1974).
Por tanto, la teoría del intercambio es teóricamente mucho más diversa de lo
que puede inferirse de la lectura de este capítulo. Además, una buena parte del
trabajo reciente sobre la teoría del intercambio es más sintético e integrador que
la teoría del intercambio fundamentalmente microscópica que vamos a estudiar
en este capítulo (Uehara, 1990). En ese contexto destaca en importancia la obra
de Richard Emerson (1981) YKaren Cook (Cook y Emerson, 1978; Cook et al.,
1983; Cook, O'Brien, y Kollock, 1990);

 la sociología conductista «pura» y de la teoría del
intercambio (la que expone Homans en sus primeras obras [1958, 1961D. Estas
teorías encajan perfectamente en la concepción multiparadigmática de la sociología
que tiene el autor de este libro (Ritzer, 1975a, 1975b, 1980); véase también
el Apéndice). De hecho, todos los capitulas de la Segunda Parte están
configurados, al menos en parte, a partir de mi concepción de los paradigmas
múltiples de la sociología, así como del lugar que ocupan las diversas teorías en
ellos. Aprovechemos esta ocasión para analizar brevemente los paradigmas
múltiples y su relación con las teorías analizadas hasta el momento.


La sociología se compone de tres paradigmas principales:


El de los hechos sociales, el de la definición social y el de la conducta
social. Cada paradigma tiene cuatro componentes, pero lo que nos importa de
momento son sólo los paradigmas que constituyen el objeto de la sociología y
las teorías que incluye cada uno. El objeto de estudio del paradigma de los
hechos sociales son las grandes estructuras e instituciones sociales y su influencia
coercitiva sobre los actores y sus pensamientos y acciones. A este paradigma
pertenecen el funcionalismo estructural, la teoría del conflicto y diversas
variantes de la teoría neomarxista. La preocupación central del paradigma
de la definición social son los actores, los modos en que construyen la realidad
social y la acción que resulta de esa construcción. Así, para el que trabaja en el
paradigma de la definición social, los actores son relativamente libres y creativos,
mientras que para el que opera con el paradigma de los hechos sociales, los
actores están determinados por las grandes estructuras e instituciones sociales.
Los interaccionistas simbólicos, los fenomenólcgos, los etnometodólogos y algunos
neomarxistas se mueven en este paradigma. Finalmente está el paradigma
de la conducta social, cuyo objeto de estudio es la conducta individual y los
elementos reforzadores y penalizadores que influyen en ella. En este paradigma
se incluyen las teorías que vamos a analizar a continuación: la sociología conductista
y la teoría del intercambio.
Este esquema de los paradigmas múltiples desempeña un papel clave en
este capítulo. Primero, nos sugiere las principales preocupaciones de las dos
teorías: los antecedentes de la conducta, la conducta, el refuerzo y el castigo.

Segundo, nos advierte del hecho de que los teóricos relacionados con este paradigma
no se preocupan o incluso rechazan la preocupación por las grandes
estructuras e instituciones sociales, así como por la construcción de la realidad
y la acción social. Tercero, aunque muchos pensadores relacionados con este
paradigma han adoptado una postura dogmática sobre lo que debe ser o no
objeto de estudio de este paradigma, otros se han esforzado por integrar las
preocupaciones tradicionales del conductismo social en las del paradigma de
los hechos sociales y de la definición social. A lo largo de este capítulo intentaremos
clarificar la compleja interrelación entre el conductismo social y los otros
paradigmas sociológicos.


Dado el lugar preeminente de S.F. Skinner y su conductismo en la teoría del
intercambio, comenzaremos este capítulo por su orientación general. Luego
analizaremos la sociología conductista porque representa la traducción más prístina
de las ideas de Skinner a la sociología. Finalmente nos ocuparemos de la teoría
del intercambio, particularmente tal y como se expresa en la obra de George
Homans y Peter Blau. Analizaremos la teoría del intercambio de Blau en este
capítulo en lugar de hacerlo en la Tercera Parte dedicada a las teorias sintéticas
debido a las limitaciones de su enfoque integrador, que se afana por moverse
desde el nivel micro al macro, Como Uehara señaló: «Aunque Blau ... introdujo
el grupo en la ecuación del intercambio, su análisis seguía siendo esencialmente
diádico porque el grupo se concibe como si fuera un sólo actor, aunque colecti
vo» (1990: 525). A pesar de sus limitaciones, la obra de Blau anticipó la teoría
del intercambio más integradora que analizaremos más adelante en otro capítulo.



SKINNER y EL CONDUCTISMO



El conductismo tiene una larga historia en las ciencias sociales, particularmente
en psicología. Sin embargo, el origen del conductismo moderno en todas las
ciencias sociales y, en particular, en la sociología, se encuentra en la obra de
B.F. Skinner. La obra de Skinner, aunque abiertamente dedicada a los principios
del comíuctísmo, cubre un amplio espectro de cuestiones, y entre ellas se
cuentan tratados científicos (Skinner, 1938), una novela utópica (Skinner, 1948),
ensayos polémicos y políticos (Skinner, 1971), aplicaciones prácticas del conductismo
(Skinner, 1968) y obras autobiográficas (Skinner, 1983). Sus trabajos
científicos, utópicos, políticos y prácticos han sido importantes en el desarrollo
de la versión sociológica del conductismo.

Ocupémonos en primer lugar del análisis que hace Skinner de otras teorías
sociológicas. Para él constituían empresas místicas bastante acientíficas. Así
opinaba respecto de las teorías macro relacionadas con el paradigma de los
hechos sociales como el funcionalismo estructural y la teoria del conflicto, y de
las teorías micro relacionadas con el paradigma de la definición social, como el
ínteraccionismo simbólico, la ernometodologfa y la fenomenología. Consideraba
que tales teorías constituían entidades místicas que alejaban la atención del
sociólogo de las únicas entidades concretas de estudio científico: los antecedentes
de la conducta, la conducta y las consecuencias que hacían más o menos
probable la ocurrencia de la conducta (Molm, 1981). Tomemos como ejemplo
la crítica de Skinner del concepto de cultura, que suele ser definida por el que
trabaja en el paradigma de los hechos sociales como el conjunto de «ideas tradicionales
(es decir, históricamente derivadas y seleccionadas) y, en especial, los
valores asociados a ellas» (1971: 121). Afirmaba que esta definición creaba de
modo innecesario elementos místicos tales como «ideas» y «valores». Cuando
el científico analiza la sociedad no ve ideas y valores. Lo que sí puede contemplar
es «cómo viven las personas, cómo crían a sus hijos, cómo cultivan o recogen
sus alimentos, en qué tipos de moradas viven, qué ropa llevan, qué juegos
practican, cómo se tratan unas a otras, cómo se comportan, etc.» (Skínner, 1971:
121). La cultura de una comunidad se compone de conductas. Para comprender
esas conductas no precisamos conceptos tales como ideas y valores;
lo que necesitamos es comprender hechos tales como las recompensas y los
costes.


La crítica más dura de Skinner se dirigió contra las teorias del paradigma de
la definición social. Uno de los principales objetivos de Skinner en su Beyond
Freedom and Dtgníty [Más allá de la libertad y la dignidad] (1971) era eliminar
de las ciencias sociales ~y, de hecho, del mundo---Ia idea de lo que llamaba el
«hombre autónomo». La idea del hombre autónomo constituye una parte integral
del paradigma de la definición social, y atacarla significa atacar a los que
operan con este paradigma. Skinner, en su defensa del conductismo social, no
sintió el deseo de reconciliar sus diferencias con los que trabajaban en ese paradigma.
De hecho, su interés era destruir las teorías asociadas con el paradigma
de la definición social.
¿Qué significa ese hombre autónomo que Skinner deseaba eliminar? El hombre
autónomo implica que las personas tienen un núcleo interior (no susceptible de
análisis científico) del que emanan sus acciones. Este núcleo les capacita para
iniciar, originar y crear. Esta visión activa, creativa y voluntarista de las personas
se sitúa claramente en la línea de la postura del paradigma de la definición
social, y el esfuerzo que realizó Skinner para destruir esta idea constituía, indirectamente,
un intento de oponerse a las teorías de la definición social.
Para Skinner, la idea de que las personas poseen un núcleo interior autónomo
constituía una suerte de postura metafísica y mística que debía eliminarse de
las ciencias sociales: «El hombre autónomo no sirve para poder llegar a explicar
cuanto resulte inexplicable desde cualquier otro punto de vista. Su existencia
depende de nuestra ignorancia, y va progresivamente descendiendo de estatus
conforme vamos conociendo más y más sobre la conducta» (1971: 12). La
conducta, as¡ como las condiciones que la producen, que son principalmente las
conductas de los otros, constituyen el objeto fundamental de estudio de Skinner.


Pensaba que debíamos alejamos de conceptos tales como los «sentimientos» y
centramos en el análisis (y el control) de la conducta y de las contingencias que
influyen en ella 2. Linda Molm explicó esta cuestión al afirmar que a Skinner le
preocupaba lo que él denominaba «eventos privados» o «eventos que tienen
lugar en el interior del individuo y que no son directamente observables por
otros» (1981: 161). Dentro de esta categoría Skinner incluía los pensamientos,
los sentimientos y las percepciones. Sin embargo, Skinner aceptó preocuparse
por estos estados internos sólo bajo dos condiciones. En primer lugar, en el
esquema del conductista no podían representar variables independientes o mediadoras;
antes bien, debían constituir variables dependientes. En otras palabras,
no podían representar variables explicativas, eran sólo variables que podían
explicarse mediante otros factores. En segundo lugar, debían poder observarse
de algún modo. Los informes de los actores (así como sus conductas) son fenómenos
observables. Los que adoptan el paradigma de la definición social suelen
rechazar o considerar inaceptable esta visión limitada y científica de los estados
mentales.

Skinner y, por lo general, todos los conductistas sociales se interesan por la
relación entre los individuos y su entorno (Molm, 1981), que está formado por
varios objetos sociales y no sociales. El conductista social mantiene que los
principios que gobiernan la relación entre el individuo y un objeto social son los
mismos por los que se rige la relación entre el individuo y un objeto no social).
Don Bushell y Robert Burgess definieron el objeto de estudio del conductísta
como «la conducta de los individuos que influye en el entorno de tal modo que
produce consecuencias o un cambio en el entorno que, a su vez, modifica las
actuaciones subsecuentes de esa conducta» (1969: 27). Por tanto, se centran en
la «relación funcional» entre la conducta y los cambios en el entorno del actor.
Esto significa que, para el conductista, un niño que arroja una piedra al río
constituye un objeto de estudio, como 10 son una madre que regaña a su hijo,
una maestra que imparte una clase o un alto ejecutivo que asiste a un consejo de
dirección.


Los conductistas sociales se interesan por el proceso de interacción, pero el
proceso se conceptualiza de un modo harto diferente del modo en que se hace
en las teorías del paradigma de la definición social. Para el que trabaja en el
paradigma de la definición social, los actores son dinámicos, fuerzas creativas
en el proceso de la interacción (Perinbanayagam, 1981). No sólo responden a
estímulos, sino que los interpretan y actúan sobre la base de sus definiciones de
ellos. A diferencia de aquél, el conductista social confiere al individuo mucho
menos «libre albedrío». Para el conductista, «pensar es la conducta del cerebro.
La mayor parte de la actividad del cerebro no es consciente» (Baldwin y Baldwin,
1986: 264). Así, mientras que para el que opera en el paradigma de la
definición social el actor construye afanosa y conscientemente la realidad social,
para el conductista social el actor responde inconscientemente a los estímulos.
La respuesta del individuo viene determinada por la naturaleza de los
estimulos externos. La imagen que tiene de la persona el conductista social es
mucho más mecánica 4 que la del partidario del paradigma de la definición
social é.


La imagen de los actores de las teorías de los hechos sociales (por ejemplo,
el funcionalismo estructural) es casi tan mecánica como la del paradigma de la
definición social. El que opera en el paradigma de los hechos sociales considera
al individuo en tanto que determinado por normas, valores, estructuras, etcétera,
externos. La principal diferencia entre los que suscriben el paradigma de los
hechos sociales y los que operan con el paradigma de la conducta social reside
en la fuente de control sobre el individuo. Para el partidario de los hechos sociales
las grandes estructuras e instituciones controlan al individuo. Los conductistas
sociales se preocupan por la relación entre los individuos y los antecedentes
y consecuencias que aumentan o disminuyen la probabilidad de que esa conducta
ocurra


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